Vínculos

Terapia Vincular Familiar

Nuestra historia no se construye en soledad. Desde los primeros vínculos familiares se van formando modos de sentir, de relacionarnos, de pedir ayuda, de protegernos, de responder al dolor y de ubicarnos frente a los otros.
La mirada vincular permite comprender cómo ciertas experiencias tempranas, escenas familiares, silencios, mandatos, pérdidas o conflictos no elaborados pueden dejar huellas que se actualizan en los vínculos presentes.
A veces, sin advertirlo, intentamos resolver en nuestras relaciones actuales aquello que quedó pendiente en los vínculos primarios.

La Terapia Vincular-Familiar, creada por la Lic. Claudia Messing, el Dr. Benjamín Zarankin y la Lic. Nora Mares, propone abordar el sufrimiento psíquico a partir de la trama de vínculos familiares y de la recuperación del lugar de hijo en la estructura familiar de origen. Desde esta perspectiva, el trabajo terapéutico busca revisar las marcas de la historia personal y familiar para favorecer una mayor diferenciación, recuperar el propio lugar en la trama familiar y construir relaciones presentes más libres, seguras y auténticas.
No se trata solamente de comprender lo ocurrido, sino de poder entrar en contacto con las vivencias emocionales asociadas a esas experiencias, expresar aquello que quedó detenido y elaborar los sentimientos que aún siguen activos en la vida actual.

Este enfoque también considera la dimensión intergeneracional y transgeneracional de los vínculos. Algunas emociones, temores, exigencias o formas de responder al mundo pueden estar ligadas a experiencias no elaboradas de generaciones anteriores. Ubicarlas en su contexto permite distinguir qué pertenece a la propia historia y qué fue recibido, absorbido o transmitido dentro del entramado familiar.

Claudia Messing acuñó el concepto de simetría del niño con el adulto para describir un cambio en la subjetividad contemporánea: niños y jóvenes tienden a ubicarse en una posición de mayor paridad imaginaria con los adultos, lo que puede dificultar la incorporación de las figuras parentales como sostén y referencia protectora. Desde esta perspectiva, muchas vivencias, exigencias y sufrimientos de padres y abuelos pueden ser absorbidos por las nuevas generaciones y vividos como propios.

En este proceso, la recuperación del lugar de hijo ocupa un lugar central. Poder reconocer a los padres como parte de una historia, con sus posibilidades y sus límites, puede abrir un camino de reparación, diferenciación y crecimiento. Desde allí, los vínculos actuales pueden dejar de repetir escenas antiguas y comenzar a organizarse desde una mayor libertad emocional.